18/11/14

Libre soy

-Despertate Chulita, es el último día.
- Má, quiero faltar.

Se despertó como pudo y no fueron pocas las negociaciones para que se vistiese, se peinara a su manera y se pusiera los cancanes rosas.  
Su prima, un año mayor que ella, tenía la misma cara de cansancio que ella cuando la pasaron a buscar. Pero sobrellevarlo de a dos es más divertido y ni bien pisaron el club con los patines puestos ya se estaban riendo y girando como locas alrededor de la pista.

Que durmiera la siesta iba a ser una proeza enorme, la cual ni la abuela ni la madre consiguieron.
A las seis de la tarde tenía que estar presta para que la maquillaran y para que alguien se atreviera a peinar su indómito cabello.

Su madre y su abuela llegaron dos horas después, 30 minutos antes del comienzo del show para obtener un lugar preferencial, el cual lograron a fuerza de discusiones con una desprevenida que había reservado seis o siete sillas plásticas con camperas y carteras. Seguro la señora no imaginó que se iba a cruzar con una que le iba a sacar las camperas a la voz de "todos queremos ver a las nenas, que sus familiares vengan a horario". Yo si hubiese sido la mujer, tampoco hubiese abierto la boca.

Media hora más tarde de lo anunciado. comenzó el dichoso show. La madre con la cámara lista, le transpiraban las manos de ansiedad por ver a su hada de invierno salir a hacer su gracia.

La imagen era perfecta, celestial, con alitas y brillos por donde miraras. 
Patinó divina y no se le movió un pelo cuando se perdió lo que seguía en la tan ensayada coreografía. Por el contrario se reía, se reía mucho y la madre no sabía si filmarla, mirarla o llorar.

Pasada una hora, la madre fue rápido tras bambalinas porque el hadita ahora devenida en muñeca, estaba cansada por demás.
-Má, yo me quiero ir a casa
-Es lo último lechuga, ya termina y nos vamos.

La mamá no dudó,  con cierta culpa por no sacarla de ahí, en quedarse con ella a upa hasta que le tocase patinar de nuevo.

Cerca de las doce, con varias promesas de ya te te toca, llegó el turno de que la muñequita despierte con su varita a las demás.
Hizo sus pases mágicos, el número comenzó a rodar y la música de juguetería marcaba el compás de las cabezas de las muñecas que se movían mecánicamente.
Pero si hay algo que esa nena sabe ser,  es ser poco complaciente con el universo, empezó a buscar la salida y su madre desde la otra punta no dudó en cruzar la pista para llevársela en brazos con la coreo a medio hacer.

-Estuviste hermosa. Te divertiste?
-Si
-Te sacás los patines que nos vamos? 
-No má, me voy con los patines puestos.







1 comentario:

  1. Hermoso! llegué acá por casualidad, por Twitter, qué bueno no presionar a los pibes, no olvidarse de que lo primero es que disfruten y la pasen bien, aplausos para vos y ella, que estaba preciosa!
    Y al margen, qué desconsiderados que son este tipo de actos y cosas interminables con niños!!!! Cómo no iba a tener sueño a las doce de la noche?
    Caro

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