12/10/15

La cancelación de la normalidad.

Las personas que no fuimos ni seremos nunca muy adeptas a hablar por teléfono más de lo estrictamente necesario,  sabemos que algunas llamadas a ciertas horas son un mal presagio.

No fue la excepción, por menos tremendista que una sea, sabe que los tonos de voz para dar determinadas noticias tienen una escala de matices pequeña, con más o menos inflexiones en la voz la mala noticia llega y por más que la querramos suavizar la realidad es una sola.

La muerte de alguien cercano de una manera repentina, sin previo aviso, sin preparación para los que lo rodean, deja a todos sin habla, tratando de elaborar una frase coherente que reúna los miles de pensamientos que se agolpan en la cabeza queriendo salir.

Primero no entendés absolutamente nada de lo que te están queriendo decir y pensás cosas superficiales que no hacen en lo más mínimo a lo que  hay que enfrentarse.

Todo esto pasa en el momento que estoy leyendo "El año del pensamiento mágico" de Joan Didion, una autora norteamericana que narra la repentina muerte de su marido, es una reflexión muy precisa sobre el duelo, con muchísima honestidad y con un relato exacto de como atravesó ella su perdida.

La vida cambia deprisa.
La vida cambia en un instante.
Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba.
La cuestión de la autocompasión.

Esas son las primeras líneas del libro y de hecho son las primeras palabras que la autora pudo escribir después de que esto pasara.

Pero en el momento que todo sucede hay que ponerse prácticos si el dolor lo permite, porque quizás estoy siendo un poco fría con lo que sienten sus seres más cercanos, pero esta parte, el cachetazo que te desarma el mundo en el que te despertás todos los días, es el más sencillo, si se me permite usar ese termino. 
El dolor que todavía no fue procesado anestesia, anestesia tanto que los que te quieren y te rodean te sostienen te ayudan te hacen todo más simple, sin entrometerse, casi como una sombra que está al lado sólo para sostener, para alivianar, como bastón. 
No tienen que estar para nada más por ahora, porque lo que viene después, lo que viene después es algo muy diferente.

Didion refleja de una manera tan fácil de leer lo que es el duelo en su libro que me permito escribírselos acá: "El dolor por la muerte de un ser querido es otra cosa. Carece de distancia. Viene en forma de oleadas, de paroxismos, de premoniciones repentinas que debilitan las rodillas, que ciegan los ojos y cancelan la normalidad de la vida..."

Cancelan la normalidad de la vida, ese es  el después, con eso hay que convivir, con lo irremediable, con hablar en presente sobre esa persona porque hablar en pasado vuelve todo irreversible de una manera insoportable.

El momento del velorio, un práctica que considero absurda, el momento del cementerio es todo una nebulosa que dejan a quienes más sufren debilitados.
¿Por qué querría que mis últimos recuerdos sobre alguien amado fueran verlo en esos lugares artificiales, con sus velas de neón, y esas  crucifijos con figuras de cera que sólo transmiten angustia? 

Decís que todo va a estar bien, porque sabés que va a ser así, pero sos consciente que no va a ser ahora, no va a ser mañana, pero tenés la obligación de decirle a tu mamá que tiene que volver a vivir después que pase todo esto, y la vez abrazarse a su hermana mayor que la sostiene como si tuviese cuatro años y alguien la hubiese lastimado. Hace todo como tiene que hacer, no se quiebra con ella, no la cargosea, no dice palabras inoportunas dice exactamente lo que tiene que decir y respirás por saberla ahí con ella.


Siempre estamos juntando nuestras partes para armarnos y volver a empezar. 
Acá estamos mami, acá estamos para siempre.




R.O.I gracias por haber querido así a mamá, gracias por el amor a mis hijas.

3 comentarios:

  1. abrazos Gi! Entiendo y reconozco todas las sensaciones que describis.

    ResponderEliminar
  2. Te quiero.
    Mil abrazos a tu mama.
    Y a vos te abrazo siempre.

    Nana.

    ResponderEliminar