3/4/16

Vamo'a calmarno

Esta escena pasa en tu casa, en cualquier casa.


-Tráeme la leche mamá! Y unas galles también
-Sí, mi amor, ahora voy.

-Sí, mi hija va a inglés, a ajedrez y anda bárbaro en el cole.
-Sí, los míos los dos hacen idiomas y van a natación y estamos pensando inscribirlos en yoga, porque la verdad son muy inteligentes y me parece que lo mejor es que empiecen desde chiquitos.

-Má, poneme las medias y las zapas.
-Ahí voy esperame que dejo lo que estoy haciendo y voy.

Mis hijas son todo para mi, no me gusta tener que estar diciéndoselo a nadie como si ese tipo de sentencias hubiese que estar arrojándolas en cualquier situación para hacer alarde de las hazañas que haríamos por ellos. 

Veo fotos en redes sociales, con miles de filtros y emojis que muestran al niño o niña en  diferentes situaciones cotidianas, con epígrafes amorosos y mensajes destinados más a deidades que a niñitos que aún no controlan esfínteres. 

De tener hijos muebles, nos tiramos de cabeza al otro extremo y nuestros hijos e hijas ahora son altares. Ellos son el sentido mismo de nuestra vida, tanto que estamos criando niños hiper estimulados, personas que no saben lo que es la frustración, y nosotros quedando como unos regios infelices cuando alguien se atreve a mostrarnos que ese nene, es un nene de lo más ordinario, carente de esos superpoderes que vemos sólo nosotros.

Autonomía, capacidad de esfuerzo y tiempo para jugar, eso les estamos sacando por un lado y esas herramientas no les estamos dando por otro, todo por subir a nuestros propios hijos a una carrera que lo lleve al primer peldaño de un pedestal del que va a ser muy duro caer cuando sean adultos.

Eva Millet es una escritora española, que se la puso en el ángulo con la boludez del momento de los padres, que ya se sabe hemos traído hijos al mundo para joderles la vida con nuestros propios mambitos.

Hiperpaternidad es el libro de esta mujer que te teoriza un toque sobre esas situaciones que a todos nos ha tocado vivir, desde un pendejo insufrible fajando a otro y él padre del primero justificando y defendiendo al golpeador ó las pelotudas estas que dos por tres hablan de los hijos como si fueran brotes de Steve Jobs en miniatura y que de puta leche les tocó engendrarlos a ellas.

Es qué acaso me hago la que no tengo nada que ver en esto? Pues claro que no, he sido una idiota semejante en varias oportunidades, pero como con cualquier adicción, el primer paso de la redención es reconocerlo.

Sana desatención dice la autora, dejar que se aburran, aflojar un toque con la agenda completa como si fueran CEOs de alguna empresa, empezar a darles tiempo para jugar por su cuenta sin nosotros queriendo interceder ante la más mínima demanda.

Estamos criando hijos en una época muy compleja para largarlos desarmados a un mundo lleno de obstáculos y barreras que van a tener que saber sortear solos.

Entonces cuando vengan con esa cara de marmotas a decirnos: Estoy aburrida má! habrá que mirarlos con cara de Ben Affleck y responderles: aburrite hasta que se te ocurra algo para hacer que no sea martillarme las pelotas a mi por veinte minutos.

Y nosotros, empecemos a dejar de ser tan panchitos de creernos que tenemos niños prodigios que necesitan hablar 5 idiomas, jugar al squash y asistir cuanto taller pelotudo nos quieren encajar con cuotas de 400 mangos para introducirlos en el mundo del arte y la estética.



3 comentarios:

  1. Si si si. Pero con 18 meses y la culpa de la mama que trabaja mil horas dice ma...y ya salí corriendo par ver q necesita.

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    1. Seguramente esas mil horas que trabajás es para mantenerlo y no de puro workaholic, la culpa para mi (que pasé por eso de interminables jornadas de trabajo los dos primeros agnos de vida de mi primera hija) no se traducen en nada positivo. Entiendo que no puedas dejar de sentirla pero si las respuestas a esas demandas es para darle tiempo de calidad y no para someterte a sus antojos, no creo que estés haciendo las cosas de manera erronea.

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  2. Ey! me gustó mucho esto! Ay que encontrarle un punto intermedio. Me parece que la mamá que labura por ahí se pasa de mambo con le hiperpaternidad como para compensar, vio? Bah o eso me pasa a mí. Es difícil encontrar el equilibrio y poder dedicarles tiempo de calidad. me la dejás picando digamos...

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